Póker de tríos (2ª parte)


De como comparto una chica tremenda con uno de mis mejores amigos.

Esta historia real, como las demás, ocurrió un verano cualquiera de los que solía bajar a la costa de Cádiz con mis padres. Yo por aquel entonces tenía 17 años, faltaba poco para cumplir la mayoría de edad, y como ya relaté anteriormente hacía poco que había tenido mi primera experiencia sexual con más de una persona a la vez.

Como ya os comenté las chicas del pueblo donde pasábamos las vacaciones eran algo más que fáciles, o quizás sería mejor decir que eran más abiertas sexualmente hablando que las que rondaban en mi ciudad natal. Ir allí y no practicar el sexo era como ir a Port Aventura y no subirse en el Dragón Khan. Durante el mes de verano que pasaba allí con mis padres bien podría liarme con 4 ó 5 chicas distintas. Las de fuera casi siempre solían venir por quincenas, por lo que no coincidían en el tiempo unas con otras y sino siempre estaban las del pueblo que era como pescar en una bañera.

Fue también en este pueblo donde conocí a uno de mis mejores amigos, Antonio, un chaval de Madrid, un par de años mayor que yo, con el que hice muy buenas migas desde el principio ya que ambos defendíamos los mismos colores en lo que al fútbol se refiere.

Igualmente la persona principal de esta historia no era de dicho pueblo sino que pertenecía a Sevilla capital. Tras el nombre de Raquel se escondía una joven de 16 años, amante del Hard Rock, y de aspecto huraño, pero que una vez la conocías era una bellísima persona que solamente tenía reparos en abrirse a los demás si no había establecido primero una empatía contigo. Proveniente de un ambiente familiar económicamente alto, Raquel era el contrapunto a todas las niñas pijas que la rodeaban. De pelo castaño rizado, no era excesivamente alta ni delgada, pero no por ello dejaba de ser atractiva. Como solía decir ella misma "muchas curvas en poco espacio."

Mi relación con Raquel siempre fue de verdadera amistad, nos habíamos liado varias veces antes e incluso habíamos hecho el amor en Semana Santa del año anterior. No sé porqué ese verano lo había dejado con su novio de Sevilla y un jueves por la noche acabamos otra vez enrollados. Ambos sabíamos que no era nada serio, muchos besos, algún que otro toqueteo en la playa y para casa con un calentón de tres pares de cojones. Al día siguiente no la vi en toda la noche en la discoteca del pueblo. Solía tener unas broncas tremendas con su madre, que estaba separada, sobre todo por culpa de tener que cuidar de su hermano menor, así que casi siempre solía estar castigada en casa. Antonio aquella noche también desapareció pronto del grupo de gente que solíamos salir juntos y yo lo achaqué a que por fin había conseguido enrollarse con la alemana que llevaba un par de semanas persiguiendo. No fue hasta la noche del sábado cuando volví a verlo.

Era de noche y estábamos en la barra del único chiringuito que había en la playa. Allí solíamos comenzar la fiesta, a base de cervezas y de algún que otro filtro de marihuana. Comenzamos a hablar como siempre e inocentemente le pregunté:

- ¿Dónde te metiste anoche pillín? Te perdiste muy pronto.

- Estuve paseando por la playa, ya sabes... acompañado. – dijo risueño.

- ¡Que golfo eres chaval! – le animé.

Un par de cervezas después apareció Raquel. Como casi siempre vestía sus pantalones vaqueros rajados y un top blanco con lunares morados. Solía recoger su pelo rizado en una coleta, lo que hacía que con la cara tan redondita que tenía se pareciera a la muñeca Repollo. Tras un "buenas", y dejándome sin aliento al verlo, le estampó a Antonio un sonoro beso en la boca que hizo que se me abriera a mi la mía de sorpresa.

¡Así que era ELLA la que había estado la noche anterior con Antonio!, menos de 24 horas después de haber estado conmigo. Como podéis imaginar la primera palabra que se me pasó por la cabeza fue PUTA, pero ¡ay! que equivocado estaba yo por aquel entonces. A esta clase de mujeres no hay que insultarlas, sino admirarlas, porque no son lo que pensamos sino que son personas abiertas de mente y sexualmente libres y como ellas hay pocas en este mundo. Pero en fin, en aquellos momentos lo primero que salió de mi boca fue:

- ¡Oye! Tú eres un poco fresca.- Ella me miró extrañada y me preguntó el porqué. - El jueves estuviste liada conmigo y anoche te perdiste con Antonio por ahí. – le increpé. Y esta vez fue Antonio el que se quedó sorprendido.

Raquel inclinó la cabeza y me preguntó si estaba celoso. Yo le dije que no.

Entonces no tienes de que preocuparte, por que para ti también tengo si quieres. - me dijo, y esta vez fue a mí a quien beso en los labios de forma que nuestras lenguas se encontraran como hacía un par de noches. – Tengo suficiente para ambos... si no tenéis inconveniente en compartirme.

En su cabeza había algo que no debía de funcionar muy bien. De buenas a primeras, se levanta un día y decide liarse con dos amigos y mostrárselo a ambos, no sé muy bien si para que nos peleáramos entre nosotros o para... Entonces fue mi cerebro el que trabajó más lento que mis labios:

- Yo por mi no tengo problema. – solté sin pensarlo - ¿Y tú Antonio?

- Por mi tampoco. – contestó él tan alucinado como yo.

- Entonces ya está todo dicho. – sentenció Raquel – pero larguémonos de este sitio que no tengo ganas de ser la habladuría de todo el pueblo.

Antonio propuso ir a su casa ya que allí había cerveza fría y sus padres habían vuelto a Madrid a ver a su abuela durante el fin de semana. Mientras nos dirigíamos hacía allí no pude resistirme en preguntarle a Raquel porque se había desmelenado de esa manera. Ella, casi sin darle importancia, comentó tranquilamente que estaba harta de su madre, de sus broncas y de todo lo que rodeaba su vida, y que había dejado de llorar por ello y se había decidido a vivir libremente y sin ataduras Y el primer paso para ello era romper con todo lo establecido, con los tabúes que ella misma se imponía y por ello comenzaría cumpliendo su mayor fantasía sexual, que era hacerlo con dos tíos a la vez. Ella sabía que solo podría conseguirlo fuera de su grupo de amistades elitistas de Sevilla y con alguien que no le importara quien fuera la otra persona, y en ese caso nosotros dos, grandes amigos desde hacía años, era la mejor opción.

Cuando llegamos a casa de Antonio nos sentamos en el sofá del salón cada uno con una lata de cerveza y nos quedamos en silencio mirando el techo. Fue Antonio el que decidió romper el hielo levantándose para poner algo de música, mientras tanto Raquel seguía mirando al vacío. Sin mediar palabra me levanté deprisa comentando que iba a decirle a Antonio que pusiera algo de Metallica y cuando llegue a su altura le dije por lo bajo para que Raquel no pudiera oírnos:

- Oye, pase lo que pase, nada de mariconeos ¡eh!

- Si me rozas con la polla te mato tío... – dijo él sonriendo.

- ¿Qué habláis los dos? – nos interrumpió Raquel.

- Le estaba preguntando si tenía condones, que yo no me había traído. – mentí.

Luego volvimos ambos al sofá y nos sentamos cada uno a un lado de Raquel.

- Bueno, ¿y cómo tienes pensado hacerlo? – preguntó Antonio.

- Es mi fantasía, así que dejadme a mí... – sentenció ella.

Dicho lo dicho se incorporó para dejar su cerveza y al volver al sofá se abalanzó sobre Antonio casi haciéndole derramar la suya. Delicadamente comenzó a besarle en los labios mientras él se quedaba totalmente quieto y yo miraba como si de un espectador de cine x fuera. Antonio y Raquel intercambiaban saliva en cada beso con lengua que se daban y fue ella la que tomo la iniciativa al pasar su mano desde la rodilla de él hasta llegar a su entrepierna. Con mucho tacto comenzó a frotar su mano contra su paquete mientras lentamente le comía el cuello y los lóbulos de las orejas a besos. Instantes después le hizo quitarse la camiseta que Antonio llevaba puesta y lo volvió a recostar sobre la esquina del sofá mientras ella comenzaba a lamerle los pezones. Antonio cerró los ojos y se dejó llevar cuando Raquel abrió magistralmente con su mano su bragueta y sacó su empinada polla para comenzar a trabajársela cuidadosamente. Mientras pasaba su mano arriba y abajo por la dura herramienta de Antonio le miró a los ojos para comprobar si estaba disfrutando y luego se dirigió a mí:

- Acércate. – me susurró.

Me senté a su lado y comencé a tocarle las tetas por encima del top mientras ella seguía dándole placer a mi amigo. Al rato la obligué a abrir las piernas y por encima de sus vaqueros pasé varias veces mi mano para notar cuan caliente se encontraba su entrepierna. En ese momento dejó de besar a Antonio y sin soltar su pene se volvió hacia mi y me regaló un largo beso que hizo que me encendiera como una moto. Dejé lo que estaba haciendo y también me deshice de mi camiseta para que ella pudiera comerme a besos mientras le dedicaba una magnífica paja a Antonio, y como hizo con él también me sacó la verga de los pantalones y comenzó sus juegos manuales mientras continuaba besándome y lamiendo mis pezones. Al rato decido cambiar y lo que empezó a lamer con gran placer para mi fue mi caliente extremidad. Dulcemente, acompañada por los movimientos de su mano, Raquel lamía mi prepucio haciendo que cada vez se volviera más rojo y brillante, para luego hacer desaparecer mi dura verga en su boca. Instantes después se intercambiaron los papeles y fue Antonio el que recibió con gran placer las caricias de la lengua de Raquel en su polla. ¡Que placer! ¡Que morbo!

Cuando Raquel decidió que ya estábamos preparados se incorporó y quitó la mesita que había delante de la silla. Se quitó el top y luego el sujetador mostrando sus magníficas tetas y nos invitó a que nos quitáramos los pantalones y nos reuniéramos con ella. Cada uno con nuestros húmedos mástiles nos colocamos de pie otra vez a su lado y ella de rodillas continuó su trabajo bucal y manual a la vez. Mientras le comía la polla a Antonio se dedicaba a jugar con la mano con la mía y luego intercambiaba el trabajo. Así estuvo un buen rato hasta que cogió ambas pollas con las manos y comenzó a pajearnos fuertemente a la vez, luego como una posesa fue dándonos besos en el prepucio a ambos intercalando relamidas de vez en cuando. En ese momento Antonio y yo nos miramos a la cara y solo pudimos sonreírnos el uno al otro. Antes de que nos corriéramos decidió parar poniéndose en pie y estampándonos un beso en los labios a cada uno. Ahora que lo pienso el que ella metiera su lengua en mi boca después de haber estado jugando con el glande de mi amigo era como si yo mismo lo hubiera hecho indirectamente ¡vaya faena!

Raquel, que siguió llevando la voz cantante toda la noche, se quitó los vaqueros y echó al suelo los cojines del sofá. Luego me indicó que me tumbara y a cuatro patas siguió trabajándome con la boca mi herramienta. Antonio se colocó detrás de ella y hundió su rostro en el sexo de Raquel. Enseguida noté que mi amigo le estaba haciendo un buen trabajo en sus bajos ya que había veces que tenía que parar para gemir y poder contener la respiración entrecortada. Cuando ya se encontraba cerca del orgasmo Raquel tuvo que pasar al modo manual para no ahogarse mientras sus largos gemidos la llevaban hacia una magnífica corrida.

Después de sobreponerse se dio la vuelta y se tumbó con la espalda pegada al suelo. Lentamente abrió sus piernas e invitó a Antonio a que la penetrara, cosa que él hizo después de ponerse el preceptivo condón. Yo me coloqué a su lado y hábilmente me dediqué a tocarle sus espléndidas tetas, buscando poner duros como piedras sus grandes pezones. Con cada arremetida de Antonio los pechos de Raquel bailaban al unísono describiendo círculos que mis manos contenían como podían. Ella, desatada, no paraba de gritar y con sus manos animaba a Antonio a que la penetrara más fuertemente, incluso llegar a cerrar las piernas a su espalda para atraerlo más hacia ella haciendo imposible mi labor de seguir masajeándole las tetas. Un largo ¡Oh! fue la señal que indicó que había vuelto a correrse.

Borracha de sexo se volvió hacia mí y me dijo que me tumbara. Le pidió un condón a Antonio que colocó hábilmente y se sentó a horcajadas sobre mi dura polla haciendo que la penetrara hasta el fondo. Histérica de placer comenzó a botar sobre mí mientras yo podía notar como de su húmedo sexo chorreaban los flujos mezclados de su corrida con los de Antonio. Sus tetas botaban al compás de sus saltos y no dudé en jugar con ellos mientras ella se dedicaba a comerle de nuevo la polla a Antonio, el cual se había colocado de pie junto a ella intentando por todos los medios no correrse. Como una salvaje, comenzó a pedir más y más, mientras seguía llevándose la verga de Antonio hasta lo más profundo de su garganta. Yo solo pensaba en no correrme cuando comencé a notar las palpitaciones de su vagina sobre mi polla, señal inequívoca de que iba a correrse de nuevo. Para ello soltó la herramienta de Antonio y apoyó sus manos sobre mi pecho, buscando la mejor posición para notar plenamente mi palpitante pene en su interior. Esta vez fueron grandes bocanadas de aire y respiraciones entrecortadas las que nos anunciaron su nuevo orgasmo.

- Quiero que vosotros también os corráis. – nos dijo como si de una orden se tratara. Para ello se colocó de nuevo a cuatro patas invitando a Antonio a que la penetrara por detrás mientras terminaba la faena conmigo con la boca.

Esa vez a Antonio no le dio tiempo a colocarse de nuevo un condón por lo que cuando incrustó su polla en su almejita ella pudo notar todo el calor y la fuerza de Antonio en su conejo. Una mirada de ambos y una sonrisa cómplice hizo que chocáramos nuestras manos en el aire al grito de "De puta madre" y los tres comenzamos a reir estúpidamente. Mientras tanto mi cabeza no paraba de pensar en cualquier otra cosa que retrasara el momento de la eyaculación, pero las acometidas de Antonio hacían que mi polla se introdujera hasta el final de la garganta de Raquel y en poco tiempo tuve que separarle la cara de mi sexo para no salpicarla con la tremenda corrida que tuve y que manchó los cojines del sofá sobre los que estábamos. Extenuado me separé un poco de ellos para contemplar como Antonio también acababa corriéndose sobre la espalda de Raquel, la cual se dejó caer después agotada sobre los cojines mientras seguía jadeando casi sin aliento.

- Me habéis dejado destrozada. – comentó con sonriendo con los ojos cerrados. Parecía una gata relamida saboreando su última comida.

Nos recompusimos como pudimos y tras una fría cerveza recogimos el salón y volvimos camino de la discoteca del pueblo. Las miradas de complicidad, las sonrisas y los continuos besos de Raquel hacia mí o hacia Antonio continuaron durante toda la noche, siempre que no había alguien conocido cercano. Cuando la gente nos preguntaba donde nos habíamos metido solo contestábamos que por ahí, echando una litrona en la playa y hablando sobre lo puta que es la vida.

Aquella noche no se volvió a repetir nunca más, es más Antonio nunca volvió a aquel bendito lugar, falleció poco después en un accidente de moto en la M-30 cando circulaba puesto de coca hasta las cejas. A Raquel volví a verla varias veces cuando vivía en Sevilla, pero nunca fue lo mismo después de la muerte de Antonio. Lo comentamos y ambos coincidimos que faltaría algo si nos volviéramos a liar, así que nunca más lo volvimos a hacer. Hoy por hoy no sé que ha sido de ella, hace años que no hablamos, quizás esta noche la llame y recuerde viejos tiempos charlando animadamente mientras me bebo una fría cerveza.

Espero que os haya gustado esta segunda historia sobre mis experiencias comunales. La próxima vez un par de hermanas me convencerán de que todo en esta vida se puede compartir.

Vuestros comentarios, ideas y sugerencias serán bienvenidos como siempre.

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